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Nuestra infeliz educacion no os permite levantaros á ideas tan sublimes, no opongais los estorbos de la preocupaciona las almas generosas que osan emprenderlo en beneficio de la patria. Sus juicios no van á sér las leyes, cuya sancion toca al Soberano;, mas van á dejar espeditos los caminos para que ellas se teciban: acaso yan á suministrar el pensamiento de que sean promulgadas.

Por fortuna se desconoce entre nosotros la ley de Creta, que impedia el hablar mal de las leyes de aquel pueblo. Por el contrario, el espíritu de las leyes de partida , la costumbre de algunos honrados, españoles muy bien recibida de parte del gobierno, toa do autoriza entre nosotros unos designios tan benéficos. Mas si encerraran nuestros códigos una regla: semejante, yo no le daria otro sentido que el que Sócrates hallaba en la de Creta. Ella (dice el sabio anciano ) solo tiene por objeto el mantener la observancia de las leyes, probibiendo la detraccion , cuando se dirige al desprecio de la patria o de las pers sonas que la rigen Quare ne parcas, añade este filósofo al Cretense, sed liberè leges noss tras reprehende. Neque enim turpe est dicere, si quid malè

habet , in quo deliquit ; nam hinc , si non, cum invidiâ , sed cum amore bani dicatur, remedium invenitur.

Ea pues, jóvenes ilustres, que consagrais vuestros talentos á la ciencia mas npble y ge

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nerosa ; á la que tiene por objeto la felicidad de nuestra especie , no defraudeis las esperanzas qne de vuestro estudio se anticipan los honrados patricios que saben el estado de las luces , los medios que os franquean todas las circunstancias actuales. Una vida tranquila y exenta de las zozobras en que estábamos por los peligros de la guerra; la atencion det gobierno convertida al progreso de las ciena cias, y

á mejorar nuestro sistema de legislacion y economía; un cuerpo finalmente en cuyas juntas hace un comercio de las luces con ventajas muy seguras, se baten las ideas hasta tomar aquella forma que á la verdad es conveniente; todo os convida y estimula á una empresa

mas digna del cuidado de los hombres. Empezando por el examen de las leyes, por la completa inteligencia de su espiritu , notad en seguida los efectos que en ellas se os descobran, y los medios con que puedan corregirse. Pero que vuestros trabajos sean en esta parte mas circunspectos todavia que en la primera , precediendo una constante meditacion, y una crítica severa antes de emprender el publicarlos. Sobre todo, que siempre en los discursos brillen los nobles caracteres del propio desinteres, del amor al bien de los hombres, del celo finalmente por la mejora de su estado, única's sendas que conducen al templo de la verdad y de la glo

la

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